Reflexión de Las Buenas Nuevas
Viernes de la Décima Séptima Semana del Tiempo Ordinario

30 de julio, 2010

Lecturas del Día:
Jeremías 26:1-9
Salmo 69:6, 8-10, 14
Mateo 13:54-58

La bendición de ser rechazado

¿Sientes que están en contra de ti? ¿Qué eres tratado injustamente? ¿Hay amigos que rechazan injustamente lo que has dicho, como si fueras un enemigo tratando de lastimarlos o desviarlos? ¿Soportas insultos a causa de tú fe? ¿Te han marginado los miembros de tú familia por tú fervor por la casa de Dios? ¡Si ese es el caso, entonces el Salmo Responsorial de hoy es tú canción!

El profeta Jeremías se sintió de esta manera, también.  Como vemos en Jeremías 26:1-9, él entregó el mensaje que Dios lo había comisionado a decir, y las personas lo odiaron por ello. Cuándo nosotros defendemos la verdad, siempre hay los que se ofenden.  Pero si hemos hablado con compasión, sin una actitud de superioridad, y con una preocupación verdadera por ellos, la única razón por la que somos rechazados es porque ellos prefieren vivir en la oscuridad.

Jesús también se sintió de esta manera.  En Mateo 13:54-58, él no fue creído simplemente porque él era muy conocido por las personas en su pueblo natal.  Ellos lo recordaban como el niño de José o quizás como un bebé concebido ilegítimamente.  Los recuerdos que ellos tenían de su inmadures juvenil los distrajeron de ver su identidad verdadera como el Salvador del mundo.  Asimismo, tú y yo somos rechazados por los que nos conocen demasiado bien.  Cuándo ellos nos ven a NOSOTROS ellos solo nos miran — y tienen dificulta expandiéndonos a JESUS.

En lugar de enojarnos por esto, nosotros lo debemos utilizar para profundizar nuestra humildad.  Ser aceptados por Dios debe ser nuestro objetivo más grande, y es sólo su opinión de nosotros la que realmente importa. Siempre y cuando Dios apruebe de nosotros, el hecho de que los demás nos acepten o nos rechacen es un punto debatible.

¡De hecho, el ser rechazado por las personas que deben alabarnos es beneficioso para nuestro desarrollo espiritual!  Santa Teresa de Ávila dijo: "Dios nos libra de las personas que desean servirlo mas sin embargo tienen presente su propio honor" (de "La Manera de la Perfección", capítulo 12). Cuándo nosotros queremos ser aceptados porque se siente bien, somos atrapados en la trampa del auto-centrismo.  Santa Teresa lo llamó la tentación de "vanagloria" (la vanidad); hacer la voluntad de Dios y después esperar que los demás nos alaben por ello, es un "veneno" que es "fatal a la perfección" (destruye el amor y la santidad dentro de nosotros).

Debemos desear no más que complacer a Dios y no debemos esperar recompensa más que su felicidad.

Es difícil mantenerse humilde mientras eres aceptado y alabado.  ¡Es más difícil todavía cuando, después de ser rechazado, nos centramos en decir "yo tengo la razón! ¡Ellos están equivocados"! Cuándo nosotros ejercitamos la humildad, sufrimos por la oscuridad en el alma de la otra persona más que por el ser rechazados. En la humildad, nosotros oramos: "Señor, reemplaza mi ira con lágrimas de preocupación".

Así llegamos a ser unidos a las heridas sanadoras de Jesús, y el rechazo ya no arde.