Reflexión de Las Buenas Nuevas
PARA EL PRÓXIMO DOMINGO: 14 de marzo, 2010
Cuarto Domingo de Cuaresma, Ciclo C

Lecturas del Próximo Domingo:
Josué 5:9a-12
Salmo 34:2-7
2 Corintios 5:17-21
Lucas 15:1-3, 11-32

¿Quién es digno de recibir el amor y el perdón incondicional de Dios? Durante cada Misa, nosotros oramos, "Señor, yo no soy digno de que vengas a mi, pero solo una palabra tuya bastara para sanarme." Jesús ilustra en la lectura del Evangelio del proximo domingo que todos somos dignos, pero no por lo que hacemos, sino a causa de lo que Jesús hizo. El murió en la cruz para llevar nuestros pecados a la muerte y podamos resucitar con él en la experiencia perpetua de la Pascua de la unidad con Dios.

En la parábola del Hijo Pródigo, no fue lo que hizo el hijo que hizo su regreso a casa aceptable. No fue su arrepentimiento lo que lo hizo digno de recibir el amor de su padre.  Fue lo que el padre hizo. El amaba a su hijo. El lo amaba aún mientras él estaba muy lejos, aún mientras él se desviaba a un estilo de vida pecadora.

El amor incondicional y fiel del padre fue su regalo al hijo, aunque su amor había sido rechazado.

El obsequio que el hijo dio a su padre en su regreso a casa fue un corazón abierto para recibir el amor que siempre había estado disponible.

Durante cada Misa, venimos a la iglesia como hijos pródigos. No importa si pensamos que hemos sido buenos  cristianos toda la semana.  De alguna manera u otra, nosotros hemos rechazado el amor total, incondicional y fiel de Dios.  Es por eso que siempre comenzamos la Misa reconociendo que hemos pecado. Toma esta oportunidad muy seriamente. 

Después, escuchamos la Palabra que sana nuestras relaciones rotas con Dios. La Homilía siempre debe planearse cuidadosamente para realzar esto, pero si no lo es, Jesús, no obstante te habla por medio de su Espíritu Santo; escucha en tu corazón. Jesús quien es la palabra convertida en carne, ya ha comenzado a responder a nuestros pedidos de que "solo di la Palabra, y yo seré sanado".

En el Ofertorio, nosotros nos ofrecemos al Padre; es nuestro momento de rendición: "Yo no merezco ser llamado tu hijo, así que has conmigo según tú voluntad." La voluntad de Dios es que nosotros seamos restaurados a una relación completamente amorosa, con él y con su familia. Así, en el momento más grande de la Liturgia, nosotros recibimos la Eucaristía como un obsequio de unidad con Dios y con su familia entera. (Los que no pueden recibir la Comunión de la Ostia y el Vino son puestos en gracia con una Comunión Espiritual.)

Preguntas para Reflexión Personal:
¿En qué maneras te sientes como un hijo pródigo? ¿Te sientes separado de Dios a cualquier grado? ¿Qué pecados necesitas confesar para que puedas dar la vuelta y regresar a casa? ¡Tu Padre espera con brazos abiertos!

Preguntas para Compartir la Fe en Familia y en Comunidad:
Describe una experiencia de tipo Hijo Prodigo. ¿Esperas a un hijo o a amigo perdido para que regrese a la Iglesia o a tu amor? ¿Algún día llevaste puestos los zapatos de un hijo que escapaba de Dios? ¿Qué te hizo decidir volver a casa? ¿Cómo te recibió Dios? ¿Qué te convenció de que su amor es incondicional y siempre está disponible?