Reflexión
de la Buena Nueva
Jueves de
la Séptima Semana de Pascua
8 de mayo,
2008
Lecturas
del Día:
Hechos 22:30; 23:6-11
Salmo 16:1-2a, 5, 7-11
Lucas 17:20-26
El
sacramento del amor
La oración de Jesús en el pasaje del Evangelio de
hoy puede ser aplicada a cualquier relación: cualquiera de dos personas,
cualquier comunidad. Todo lo que Dios ha
unido es sagrado. Es sagrado porque es
un reflejo de lo que es Dios y de cuánto él nos ama a todos. Es por esto que el matrimonio es un sacramento
y no solo una unión civil o una unión incompleta de convivir como un matrimonio
sin los votos matrimoniales. La falta de
compromiso y las heridas que aun no han sanado en alguna relación inspirada
divinamente dan al mundo una imagen enferma y defectuosa de Cristo.
Y así que Jesús ora: "Que todos sean uno,
Padre. Como tú estás en mí y en yo en ti,
que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado".
Las relaciones que sobreviven los
problemas son una lección visual del amor incondicional de Dios, que es siempre
fiel, en los mejores y en los peores momentos, en la enfermedad y en la salud, si
somos ricos o pobres, pecadores o puros, todo el tiempo, no importa que.
En un matrimonio cristiano, el marido da su vida
para servir a su mujer, y la mujer da su vida para servir a su marido, y Jesús da
su vida por ellos. Esto es un reflejo
del único Hijo del Padre sacrificando su vida por su Novia (que somos nosotros,
es decir, la Iglesia), y la Novia dando su vida para servir a Jesús.
El amor persistente que los esposos y amigos y la
comunidad tienen uno por el otro, que nunca se da por vencido no importa que,
los uno a la perfección de Dios, la plenitud de su amor. En Dios, ellos tienen el poder y la manera de
vencer cualquier cosa que amenaza dividirlos. Si tanto el marido como la mujer desean
ser socios con Dios en el amor, ellos se unen a sí mismos al que esta
totalmente y permanentemente comprometido a hacer que esto funcione, y no
importa que problemas surjan, Dios proporciona las respuestas, la curación, y
el crecimiento que hace al matrimonio más fuerte, aún cuándo uno de los esposos
no trabaja tan duro como el otro.
Teniendo relaciones sagradas, nosotros cumplimos
nuestro llamado — la vocación del "sacerdocio común" que todos
tenemos — traer a Cristo al mundo. Esparcimos
La Buena Nueva mostrando eso a los demás, con la ayuda de Dios, el amor nunca acaba
y está disponible a todos los que lo desean.
¿Qué le sucede al Sacramento del Matrimonio cuando
uno de los esposos se niega a vivir sacramentalmente? ¿O cuando uno de ellos se
muere? ¿O cuando una persona divorciada se da cuenta demasiado tarde de los
errores y pecados que ellos cometieron? Jesús
da un paso y llega a ser su Esposo Verdadero. Para la persona que desea la unidad
sacramental, él ES el Sacramento.
En las relaciones rotas, nosotros debemos orar que
Dios le dé a la otra persona las oportunidades abundantes para un cambio de
espíritu y de corazón. Cada relación Ordenada-por-Dios
debe ser un regalo de amor al mundo, la presencia de Cristo para que el mundo vea.
Que tan terriblemente, que tan anti-evangelización
es descuidar o romper este regalo. Que la oración de Jesús sane nuestro rompimiento.
¡Amén!