Reflexión de las Buenas Nuevas
Martes de la séptima semana de Tiempo Ordinario
Mayo 21, 2013

Lecturas del Día:
Sirácides 2:1-11
Salmo 37:(5)3-4,18-19,27-28,39-40
Marcos 9:30-37

Tu amor por Dios, ¿está probado y es verdadero?

¿Has experimentado pruebas que retan tu fidelidad a Dios? ¡Por supuesto que sí! Es muy normal. Como dice la primera lectura de hoy, cuando servimos al Señor, deberíamos prepararnos para las pruebas. ¿Por qué? Porque estamos haciendo una diferencia en el mundo - en la vida de las personas - pero no todo el mundo quiere aceptar este cambio, así que nuestros esfuerzos causan persecución, rechazo, y otras oportunidades para que practiquemos lo que profesamos.

Este punto me fue subrayado un día que traté de hacer ministerio a una mujer en la Iglesia que se estaba apartando de la comunidad. No fue tanto su rechazo a mi intento de llegar a ella que me retó, sino mi reacción a su sentenciosidad. Cuando aún estaba enojada, Dios me puso en el camino de otra persona que estaba enojada, lo cual me retó a reconocer mi propia falta de perdón.

Las pruebas de este mundo nos exponen. ¿Somos sentenciosos acerca de los que son sentenciosos? ¿Fallamos en perdonar a los que no perdonan? ¿Amamos a los que no nos aman? ¿Somos no amables con los que no son amables?

¡Tener nuestros pecados expuestos por los pecados de otros puede ser una de las pruebas más importantes de nuestras vidas! Estas son las que nos hacen crecer, pero sólo si aceptamos el reto a crecer. Estas son las que nos purifican, como el oro probado en el fuego, para que seamos fortalecidos en santidad. Estas son las que nos ayudan a hacernos fieles al Señor a quien decimos que amamos.

¿Somos verdaderamente sinceros de corazón y firmes en nuestro amor por Dios? Los tiempos de adversidad revelan la respuesta. Está bien estar apesadumbrado en los momentos duros, pero ¿confiamos en Dios lo suficiente como para esperar en El con paciencia? ¿Nos aferramos a El en vez de tratar de solucionar los problemas con atajos y retaliación? ¿Ponemos cualquier cosa que nos cae en el contexto de nuestra relación de amor con Dios, quien nos asegura (ver Romanos 8:28) que El va a convertir todo en una bendición para nosotros?

Una relación sólida con Dios nos permite confiar en su misericordia y compasión, aún cuando lloramos sobre su hombro y le gemimos que no entendemos por qué se está tomando tanto tiempo en aliviar nuestros sufrimientos.

En una relación sólida con Dios, el entendimiento no viene en nuestras mentes, sino en nuestros corazones, donde el amor, y no la capacidad cerebral, nos ayuda a entender la ayuda que El nos está dando.

Pero nuestro amor por Dio no es sólido, sin embargo, hasta que haya sido purificado y fortalecido por la prueba.