Reflexión de la Buena Nueva

Miércoles de la Séptima Semana de Pascua

7 de mayo, 2008

 

Lecturas del Día:

Hechos 20:28-38

Salmo 68:29-30, 33-36ab

Juan 17:11b-19

 

Reconocer a los lobos disfrazados de corderos

 

En la primera escritura de hoy, San Pablo nos advierte de los "lobos voraces" que hacen daño al rebaño de Cristo.  Ellos surgirán de entre ustedes mismos, él dice, y enseñaran doctrinas falsas. ¿Por qué? "Para arrastras a los discípulos tras de ellos".  Esto, para utilizar un cliché moderno, es un lobo disfrazado de cordero.  A veces es un lobo disfrazado de pastor, que es mucho peor, porque los corderos son mucho más vulnerables, ya que ellos confían naturalmente en sus pastores.

 

Los lobos que surgen desde dentro son los que imponen sus propias órdenes del día o intencionalmente se hacen a sí mismos parecer importantes.  Todos hacemos esto de vez en cuando.  Una manera común de ser lobos es de manipular a los demás para que nos den lo que deseamos.  Siempre que tratamos de controlar a los demás para nuestro beneficio personal, somos lobos disfrazados de corderos; nos decimos llamar cristianos, pero de hecho nos ocultamos detrás de este título para sentirnos seguros mientras nos comportamos muy a diferencia de Cristo.

 

Los lobos enseñan doctrinas falsas porque tienen que; es la única manera que ellos pueden conseguir que los corderos los sigan.  Instintivamente, las ovejas cristianas reconocen que un lobo es un lobo, porque el Espíritu Santo dentro de nosotros nos da un buen discernimiento y nos ha enseñado a cómo reconocer la voz del Buen Pastor.  Pero cuando un lobo parece ser un cordero que sigue a Cristo, o peor, cuando un lobo es uno de los pastores de Cristo que ha pervertido su vocación, tenemos que estar atentos, como dijo San Pablo.  Tenemos que mantenernos tan profundamente en unión devota con Cristo que podamos escuchar las advertencias del Espíritu Santo.

 

Un verdadero cordero del rebaño y un pastor verdadero de Cristo "puede construirte y darte la herencia" de Dios; un lobo te derriba.  Un cristiano verdadero no da servicio al reino de Dios para construir su cuenta bancaria; un lobo ama más al dinero que a las personas.  Las manos de un cristiano verdadero sirven a las necesidades de sus amigos; un lobo esta más interesado en tener amigos que satisfagan sus necesidades.  Un cristiano verdadero ayuda al débil; un lobo se aprovecha del débil.  Un cristiano verdadero comprende las bendiciones que surgen de dar; un lobo es generoso sólo cuando es para su propia ventaja.

 

Jesús nos consagró a todos a la verdad, como dice en el pasaje del Evangelio de hoy. Tenemos la capacidad, por medio del Espíritu de la Verdad, para discernir la verdad y para sentirnos incómodos con las mentiras.

 

Hace unos días yo compartí con ustedes mi oración para un aumento de los regalos del Espíritu Santo.  Aquí está una adaptación de ello para la reflexión de hoy:

 

Señor Jesucristo, lléname con Tu Espíritu Santo para que mi alma pueda ser santificada y crezca en los regalos de Tu gracia y amor.  Aumenta en mí el regalo de la sagrada sabiduría, para que pueda reconocer la diferencia entre las ideas sin valor de este mundo y las verdades perpetuas del cielo.  Aumenta en mí el regalo del entendimiento, para iluminar mi mente con Tu verdad divina.  Aumenta en mí el regalo de Tu buen consejo, para que siempre siga la voluntad de Dios.  Aumente en mí el regalo del conocimiento, para que pueda crecer en la santidad conociendo a Dios y a mi mismo más completamente.  Ayúdame, amado Señor, a ser uno de Tus verdaderos discípulos, llenó de Tu Espíritu Santo.  Amén.