Reflexión de Las Buenas Nuevas
Miércoles de la Décima Séptima Semana del Tiempo Ordinario

28 de julio, 2010

Lecturas del Día:
Jeremías 15:10, 16-21
Salmo 59:2-4, 10-11, 17-18
Mateo 13:44-46

Encontrar tesoros ocultos

Como el autor de Jeremías 15:10, 16-21, nosotros creemos que la Palabra de Dios nos trae alegría, pero cuando nos encontramos en medio de problemas causados por nuestra maldad y no sabemos como reparar el daño que hemos hecho, o cuando la vergüenza nos paraliza, nosotros nos sentimos infelizmente aplastados por la verdad.  Nosotros nos sentimos fulminados por el peso de la carga.

Además, si luchamos con la verdad, la carga pesa aún mucho más, y los problemas en sí mismos nos aplastan.  Nos quejamos, ¿"Por qué es mi dolor continuo, mi herida incurable, negándose a ser curada"?

Dios contesta: "Si tú te arrepientes, yo te restauraré.... Si tú sacas a la luz sólo lo que es precioso y no lo vil. ...” Perdemos nuestra alegría porque las instrucciones de Dios son contrarias a nuestras ideas egocéntricas y materialistas (y por lo tanto viles) de lo que es correcto y bueno para nosotros.  Nos alejamos de él y después nos preguntamos por qué nos sentimos solos.  Cuándo alguien nos lastima, justificamos nuestra ira y en nuestra falta de perdonar nosotros nos quejamos de que Dios no nos está ayudando.

La perla en Mateo 13:44-46 puede ser cualquier verdad; aunque siempre es preciosa, si nosotros no vemos el valor de la perla (porque preferimos nuestras maneras pecadoras), nosotros la tiramos como si no tuviera valor.  Para descubrir la belleza de cualquier verdad que no nos agrada, necesitamos abrirnos humildemente a una nueva perspectiva.

Aprendí esto de mi hijo cuando él tenía cuatro años.   David pensó que él había encontrado la "X" que marca el premio máximo de todos los tesoros cuando nosotros nos topamos con una mesa de liquidación en una juguetería local.  Yo le dije a David que él podía comprar algo de $2.00 o menos.  Con tan cuidadosa decisión que un pequeño podía congregar, él empezó a registrar y examinar.  El escogió un, demasiado-abusado, juego de mano. No valía el precio de oferta de 25 centavos.

Le sugerí otros juguetes que estaban en mejor condición.  El me miró con exasperación. ¿Por qué no podía ver yo que este juego de pinball era el único verdadero tesoro sobre la mesa?

Resultó ser una gran compra.  David lo llevaba por todas partes — a la cama, a la mesa de comedor, al cuarto de baño.  El también cargaba una sonaja de bebé que él había encontrado recientemente en alguna grieta olvidada de la casa.  Esa sonaja lo había aburrido cuando se suponía que el debía disfrutar de ella.  Ahora cuando estaba vieja e inservible, llegó a ser uno de sus tesoros.

Para encontrar los tesoros que nos traerán gran alegría, nosotros tenemos que ignorar las preferencias de nuestra naturaleza pecadora y atrevernos a confiar en Dios en su Palabra.  Tenemos que buscar perlas preciosas en la redención que Jesús trae a nuestros pecados.  Gran sabiduría puede ser obtenida preguntándonos: ¿"Por qué me molesta este pecado? ¿Qué dice de mi deseo de crecer"? ¡Qué tan hermoso tesoro ocultado!