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San Francisco de Sales

Nunca te apures; haz todo tranquilamente y en un espíritu calmado. No pierdas tu paz interior por nada, incluso si todo tu mundo se diera vuelta.

Santa Ángela de Foligno

Nadie puede salvarse sin la luz divina. La luz divina hace que comencemos y hagamos progresos y nos lleva hasta la cima de la perfección.

Beato Raimundo Lull

Un verdadero siervo de Cristo, que ha experimentado la verdad de la fe, no puede temer a la muerte si sólo lleva almas a la salvación.

Papa San Juan Pablo II

La solemnidad de los Santos Pedro y Pablo nos invita a reflexionar sobre el camino tomado por Pedro y Pablo mientras seguían a Cristo desde el día de su llamado hasta el de su martirio en Roma. “Los envió delante suyo, de dos en dos” (Lucas 10, 1). Deberíamos meditar en el significado de estas palabras. ¿No sugieren que Cristo también está enviándonos a nosotros de dos en dos como mensajeros de su Evangelio hacia el Oeste y el Este?

San Ireneo de Lyon

Ya que todos tienen los medios de hacer el bien a su prójimo, si no lo hacen, serán contados como extraños al amor del Señor.

San Cirilo de Alejandría

Por naturaleza, cada uno de nosotros está encerrado en su propia personalidad pero, sobrenaturalmente, todos somos uno. Fuimos hechos un cuerpo en Cristo porque somos alimentados por una misma carne. Como Cristo es indivisible, todos somos uno en Él. Por lo tanto, Él pidió a Su Padre: “que todos sean Uno como Tú y Yo somos uno.”

San Josemaría Escrivá

¡Qué misericordia tan profunda hay en la justicia de Dios! Ya que, en los juicios del hombre aquel que confiesa su falta es castigado y en el juicio de Dios es perdonado.

San Máximo de Turín

Una joya merece un engarce de oro y una perla sólo debería ser colocada en un precioso collar. Entonces, ¡se la más fina clase de oro! ¡Sé un hermoso collar para que la perla espiritual pueda ser puesta en ti! Porque Cristo, el Señor, es la perla que el mercader rico, en el Evangelio, se apresuró a comprar.

San Ignacio de Loyola

Amadísimo Señor, enséñame a ser generoso, enséñame a servirte como Tú lo mereces: a darte sin mirar el precio, a pelear y a no mirar la herida, a esforzarme y a no buscar descanso, a trabajar y a no buscar recompensa, salvo la de sentir que hago tu voluntad.

Beato Basilio Hopko

Tuve que soportar momentos muy difíciles que no hubiera deseado ni para mis peores enemigos. No obstante, considero mis días en prisión altamente educativos en humildad. En prisión aprendí muchas cosas, por ejemplo, cómo estar al servicio de los demás en sus necesidades.